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Incendios forestales en España, con Ignacio Villaverde

EPIs, gestión forestal y cambio climático

 

¿Cómo empezó tu relación con el mundo de los incendios forestales?

Nací en Madrid, pero a los 19 años me mudé a Puerto de Béjar, el pueblo de mi madre, en Salamanca, donde resido actualmente. Mi relación con el mundo rural siempre ha sido muy estrecha, por eso decidí estudiar gestión forestal. En ese momento no sabía que acabaría siendo bombero forestal, eso lo decidí una noche al salir de un concierto en Extremadura.

A parte de bombero, soy batería. En 2005 tocaba en una orquestra itinerante y una noche nos mandaron a un pueblo de Cáceres, cerca de Las Hurdes. Había un incendio descomunal que tenía rodeado todo el pueblo. En plena actuación empecé a notar cenizas y al rato, pavesas encendidas, que iban cayendo encima de los platillos. Eso me impresionó. A la mañana siguiente el incendio se había acercado al pueblo y al salir tuvimos que cruzar una barrera de bomberos y llamas. Recuerdo que no podía dejar de fijarme en el operativo. Decidí que, si me iba a jugar la vida, prefería estar en primera línea y hacerlo por compromiso con la naturaleza. Fue como una epifanía.

Llevas en activo desde 2005. En los últimos años se ha empezado a hablar de la incidencia del cambio climático en los incendios forestales. ¿Has percibido algún cambio?

Antes íbamos a buscar los incendios en el monte (salvo en casos aislados, en zonas particulares con una orografía muy concreta, dónde hay pinares, cerca de Las Hurdes, por ejemplo, en la región de Cáceres. Allí los incendios siempre han sido muy peligrosos). Ahora podemos encontrar incendios cerca de las urbes. Quienes nos dedicamos a la extinción sabemos que lo que determina cómo será una temporada de incendios es una suma de factores: meteorología, estado de la vegetación y antecedentes. Las temporadas precedentes tienen una gran afectación. Venimos encadenando incendios intensos, cada vez más prolíferos, estacionalidad de lluvia descontrolada, estrés hídrico, acumulación de combustible… Este desfase afecta a los montes y a los bosques. Y se empieza a percibir como una tendencia. Los grandes incendios ya no son anecdóticos.

¿Crees que disponemos de los medios necesarios para combatir estos nuevos incendios?

En determinados incendios no existe el operativo adecuado. El ser humano no puede enfrentarse a incendios de copa, con llamas de 20 metros. Lo único que podemos hacer es refugiarnos. Las cuadrillas de tierra no pueden acercarse ni a 50 metros porque la radiación les consumiría. Y los medios aéreos tampoco pueden realizar ataque directo. Los operativos de extinción pueden manejar determinadas situaciones, pero a partir de cierta intensidad o comportamiento solo podemos ir por detrás. Manda el fuego, y avanza a su ritmo en función del combustible, la orografía y la meteorología que crea él mismo. No existen medios para combatir los incendios de sexta generación. La extinción es solo una de las patas del mundo de los incendios forestales; la prevención, la gestión del paisaje son los elementos con los que podemos paliar sus efectos.

 

En agosto de 2019 publicaste un tweet polémico que se hizo viral: 

 

¿Fue en ese momento en el que decidiste utilizar esta plataforma como altavoz de divulgación?

Inicié mi aventura en Twitter en 2014. En ese momento estaba temporalmente fuera de operativos, pero seguía sintiendo una gran curiosidad por el mundo de los incendios forestales. En España se convocaron las primeras Mareas Negras y distintas movilizaciones para defender los derechos del colectivo. Cuando encontraba información útil, la compartía, pero no era muy activo en las redes y no tenía un fin concreto. En 2016 hubo un incendio que me marcó; el Ford McMurray, en Alberta, Canadá. Fue el primer incendio que requirió desalojos masivos (hasta 60.000 personas fueron desplazadas). A partir de ese momento mi actividad fue mucho más frenética.

En el verano austral estuviste monitorizando de cerca los incendios oceánicos y recibiste agradecimiento por parte de la embajada española en Australia (entre otras instituciones) por tu labor informativa. Si bien es cierto que sueles compartir información acerca de los incendios forestales que se producen en distintas partes del mundo, este verano prestaste especial dedicación a la crisis de incendios en Australia, ¿Por qué este interés particular? ¿Qué diferencial tuvieron esos fuegos?

A mediados de noviembre empezaba a arder Queensland, en el norte, y el fuego iba bajando hasta Nueva Gales del Sur. Me despertaba un día y veía 25 incendios activos, 10 de ellos en alerta de emergencia. Dos días más tarde, eran 50 incendios activos y 35 en estado de alerta. Al día siguiente eran 75. Los Bomberos de Nueva Gales del Sur habían intentado reunirse con el primer ministro, Scott Morrison, para avisarle de que se avecinaba una catástrofe. Sus pronósticos se estaban cumpliendo, pero el mensaje no calaba en el gobierno del país. Yo no salía de mi asombro. ¡35 incendios simultáneos en alerta de emergencia! Eso en Nueva Gales del Sur, pero al poco tiempo empezó a arder el Estado de Victoria. Se iban acumulando miles de hectáreas. 25 pirocúmulos estratosféricos a la vez. Fuegos descomunales. A mediados de diciembre comprendí que lo que estaba sucediendo en Australia era histórico; jamás se había visto un acontecimiento de incendios forestales de esa magnitud en zonas habitadas en la era actual.

 

En una entrevista con Climática, en diciembre, hablaste de las diferencias de gestión de incendios entre Australia y España. Aquí nos basamos en la supresión total mientras que allí, la gran extensión de zonas remotas les obliga a observar los incendios, dejar que sigan su curso y actuar solamente cuando amenazan áreas habitadas. Si bien, nuestro paradigma actual es distinto, ¿en un futuro podemos llegar a enfrentar una situación similar?

Cada zona tiene sus particularidades. No se puede comparar una región con otra. Los incendios que han vivido allí no los viviremos aquí, porque España no es Australia. Su dispersión geográfica y su modelo de extinción son distintos a los nuestros, también la gestión de las amenazas. Los incendios en Australia se producen sobre todo en zonas remotas y la prevención se realiza básicamente mediante quemas prescritas. Estos últimos años, debido a la sequía, prácticamente no se ha podido hacer quemas. Eso ha tenido consecuencias graves en campaña. Los australianos se han dado cuenta de que deben cambiar la forma de relacionarse con la naturaleza. Eso es algo común con la Península Ibérica: la voracidad de los incendios, los fuegos avivados por el cambio climático y la necesidad de un nuevo modelo social. Hace falta un cambio más a largo plazo; trabajar más el campo, implicarse en la gestión de los paisajes de forma preventiva, de manera que el fuego vuelva a ser protagonista constructivo de los ecosistemas y no destructivo.

¿Qué formas de trabajar o maniobras has visto en el extranjero que podrían o deberían aplicarse en España (y viceversa)?

El uso del fuego técnico que se hace en Australia o en California debería potenciarse mucho más en la península Ibérica. Se trata de recuperar el uso tradicional del fuego (que se ha ido olvidado al convertirnos en una sociedad urbanita y querer ver la extinción desde un ámbito de supresión total). El fuego es una herramienta más en la gestión de los montes.

En Australia, en cambio, prácticamente no hay unidades helitransportadas. Aunque su orografía es muy distinta a la nuestra, hay zonas en las que podrían ser muy útiles. Además, es una sociedad muy orgullosa de su tradición de voluntariado, reticente a cambiar, pero deberían plantearse los beneficios de la profesionalización de los operativos.

Las relaciones nacionales e internacionales entre los profesionales de los IIFF deberían cultivarse por el bien común. En los últimos 15 años, desde el nacimiento de la Fundación Pau Costa, se han estrechado vínculos y se han producido intercambios muy fructíferos. Conocer otras formas de trabajar no solo es enriquecedor, puede ser esencial para aprender a luchar contra los nuevos incendios.

¿Cómo se prevé la campaña 2020 en España?

Estamos teniendo una primavera lluviosa. Llegaremos a verano con mucho pasto. Por la situación en la que se encuentran nuestros montes podríamos prever una campaña similar a la de 2018. Sin embargo, en 2018 no hubo Coronavirus. Se ha hecho mucha menos prevención. Acumulamos estrés hídrico. Hay más combustible disponible y aunque el follaje tenga un color bonito, muy verde, si aumentan las temperaturas de golpe, la liberación de humedad puede ser rápida y hacer variar el estado de la vegetación en cuestión de días. Estamos en manos de la meteorología. Si el tiempo nos es favorable y se prioriza la gestión, puede que sea una temporada más o menos tranquila; pero los modelos climáticos indican que tendremos un verano movido.

¿Cómo es la jornada de las Brigadas anti-incendio en campaña?

En las guardias nos pasamos el día pegados a la emisora y dando partes. Son jornadas de 10 horas. Cuando se produce un aviso desde la central escuchas como se van incorporando medios. Tienes que estar muy pendiente del comportamiento del fuego. Cuando suena tu campana, se te despiertan los cinco sentidos. Mientras te desplazas al incendio calculas rutas mentalmente, si conoces la zona, vas construyendo y visualizando el terreno y el avance, para anticiparte. A medida que te vas acercando, vas percibiendo indicios que te permiten valorar la situación: ¿está tumbada la columna de humo? ¿Qué color tiene? Luego en función de tu posición (no es lo mismo ir en helicóptero, formar parte de una cuadrilla de tierra o de una autobomba, cada unidad tiene sus dinámicas), te tocará hacer unas maniobras u otras. Hay incendios que en 2 horas están apagados. Otros duran semanas. La adrenalina te hace aguantar cosas que no aguantarías en una situación normal, pero hay que saber controlarla. Sobre el terreno descubres qué tipo de persona eres. Puedes tener mucho conocimiento teórico, pero cuando ves que a 200 metros tienes un frente de llama de copa de 10 metros de alto que viene hacia ti y te tienes que refugiar, como humano, te entra el miedo, si te dejas ganar por el pánico, lo tienes crudo, hay que tener la templanza de dominar ese instinto y pensar qué puedes hacer desde la experiencia y el conocimiento que te han enseñado. Eso se lleva en el carácter. 

¿Qué papel juegan la estrategia y el trabajo en equipo?

Es fundamental. La táctica y la coordinación de medios son parte de la gestión de incendios forestales, como la lluvia de la primavera. Tenemos que confiar plenamente en el organigrama. Puedes ser peón, caballo o alfil, pero eres una ficha de un tablero que hay que integrar. El compañerismo es imprescindible, en este oficio más que en cualquier otro, porque salva vidas. Las cuadrillas de tierra necesitan saber que alguien les cubre las espaldas, porque ellos están mirando al suelo, y les es fundamental para poder trabajar razonablemente tranquilos. Dependemos unos de otros. Esta confianza se forja con el tiempo, por eso la eventualidad es un freno en este tipo de trabajos.

Háblanos de un incendio que te haya marcado.

El primero. Me estrené a lo grande. En 2009 hubo un incendio en las urbes cerca de Cáceres. Una zona montañosa de pinar. 6.000 y pico hectáreas quemadas, desalojos, brigadas de Salamanca y de Extremadura trabajando codo con codo, la UME. Se produjo un accidente: una autobomba cayó encima de un camión y casi se cobra la vida de varios compañeros. Ver ese gran despliegue de medios y sentirme parte de este dispositivo me marcó.

Si volvieras a empezar, ¿harías algo distinto?

Me formaría más. La experiencia suple ciertas carencias, pero tener conocimientos teóricos es fundamental para acelerar este proceso de aprendizaje y ver los incendios con perspectiva. Yo lo he ido haciendo de forma autodidáctica, leyendo mucho, pero me hubiera gustado hacerlo de forma más académica.

Hablemos de EPIS. ¿Qué opinas de los equipos de autoprotección para situaciones extremas como los atrapamientos?

A veces nos sentimos desprotegidos. En algunos incendios se producen saltos de comportamiento que no estaban previstos, situaciones caóticas y fatiga; no nos comportamos de la misma manera a las 2 horas de trabajo en un operativo que a las 10 horas, cuando se produce el fenómeno de la visión de túnel y la percepción del entorno deja de ser nítida. El riesgo de atrapamiento existe, pero no se invierte en este tipo de EPIs porque no hay suficiente presupuesto, a menudo ni siquiera se llega a cumplir con los básicos de protección. Por ponerte un ejemplo, a los Retenes de tierra de Castilla y León se les dan cascos de obra para trabajar en incendios forestales. Se ha mejorado, pero todavía queda un largo camino por recorrer. Primero deberían cubrirse unos mínimos imprescindibles: cascos, ropa ignífuga, botas, gafas y mascarillas. El siguiente paso debería ser la autoprotección individual (con el Xtreme Shelter y los equipos de respiración de emergencia) y colectiva (con cortinas ignífugas y lanzas de autoprotección). Tampoco sirve comprarlos una vez y no renovarlos jamás. Deben incrementarse las partidas. Otro punto sobre el que se debe incidir mucho más es la formación de producto, para que las cuadrillas aprendan a usarlos. Eso ayudaría a prevenir riesgos, incrementar el tiempo de vida de los productos y aumentar la seguridad, pero apenas se destinan esfuerzos en este sentido.    

¿Qué evolución esperas ver en el sector de la seguridad? Mejoras en los equipos de protección, etc.

Me gustaría ver prendas que ayuden a evitar la transmisión del calor. Que se investigara para descubrir algún tipo de fibra termorreguladora. Otra asignatura pendiente es la protección respiratoria. No podemos seguir trabajando 6 horas en un incendio con una mascarilla FFP1. Y para situaciones de riesgo mayor, es vital encontrar algún sistema que pueda suministrar oxigeno sin tener que cargar con un ERA.

En Francia una de las causas de muerte más habituales entre los bomberos son los accidentes de tráfico que se producen por el cansancio al finalizar una jornada de extinción. ¿Cómo crees que se podría eliminar este factor de riesgo?

Para evitar accidentes del incendio a la base, se necesitan operativos con cabina doble. En Extremadura las autobombas son así, y en cada una viaja un conductor titular y un conductor de reserva. En Castilla es imposible porque solo vamos dos personas (son vehículos de cabina simple). Para evitar accidentes de la base a la vivienda, debería ser requisito prioritario que se trabaje en la zona en la que se vive (ahora hay mucha temporalidad y desplazamientos largos).

En general, ¿Qué factores de riesgo deberían mejorarse?

Incrementar la inversión en equipos de protección. Plantear soluciones que se adapten a cada posición y que las personas que adquieren equipos para las brigadas entiendan estas necesidades particulares y las tengan en cuenta. Por ejemplo, una persona en unidad helitransportada anda muchísimo, necesita botas ergonómicas, ligeras, cómodas, una herida en el pie les puede dejar fuera de juego. Yo en autobomba, acabo con los pies encharcados. Quizás necesitamos soluciones distintas.

¿Cómo crees que influirá la confluencia de la crisis del coronavirus con la campaña de incendios?

No sabemos cuál será el nuevo escenario que nos vamos a encontrar en campaña. Se están proponiendo soluciones de distanciamiento social, como hacer más guardias en casa en vez de estar en base. Eso disminuye la exposición, pero demora la intervención. El futuro es incierto, pero como siempre, nos dejaremos la piel para estar a la altura.