Este sitio web utiliza cookies propias y de terceros para mejorar tu accesibilidad, personalizar y recopilar información estadística sobre tu navegación. Si continuas navegando, consideramos que aceptas su uso. Puedes obtener más información consultando nuestra política de cookies. Aceptar
Tu carrito
Total artículos:
¿Tienes un cupón de descuento?
Pago total
Confirmar pedido
15 días para cambiar o devolver tu compra después de la entrega
Tu transacción es segura. Utilizamos la última tecnología para proteger tu seguridad y mantener tu privacidad.
Iniciar sesión

¿Cómo afectará el COVID-19 a la campaña de incendios?

Medidas para proteger a los bomberos forestales

Se acerca un verano sin precedentes, testigo de un pulso entre dos fuerzas de la naturaleza que avanzan para colisionar. La campaña de incendios en el hemisferio norte, se prevé intensa por los antecedentes históricos de sequía y la acumulación de estrés hídrico. El impacto de la pandemia global decrece, pero todavía supone una amenaza para la humanidad en general y para los cuerpos de emergencias en particular. Numerosos estudios sugieren que la inhalación de partículas contaminantes derivadas del humo de los incendios forestales, pone en mayor riesgo a los combatientes frente al virus. ¿Cómo pueden protegerse? Las autoridades competentes estudian un cambio táctico en el combate del fuego.

Neumólogos y expertos en contaminación ambiental, concuerdan que la exposición frecuente a partículas de PM2.5 (contaminantes de origen antropogénico, como los que se producen en las emisiones de la combustión de motores diésel) conlleva un alto riesgo de padecer enfermedades cardiorrespiratorias. Estas mismas partículas de PM2.5, presentes en ciudades de gran densidad cuando se producen episodios de alta contaminación, son las mismas que se generan en incendios forestales. Hablamos de contaminantes de diámetro aerodinámico inferior o igual a los 2,5 micrómetros (es decir, 100 veces más delgadas que un cabello humano) que penetran con facilidad los pulmones e incrementan el potencial letal del Covid-19.

En ese sentido, Luke Montorse, profesor de la Boise State University, sostiene que “Científicos del departamento de salud de Harvard llevaron a cabo un estudio a nivel nacional, para comprobar los efectos de la contaminación sobre la afectación del virus en los distintos estados. Concluyeron que, un pequeño incremento en los valores de PM2.5 presentes en el aire, estaba directamente asociado con un aumento significativo de la ratio de mortalidad por COVID-19”.

Frente a estas amenazas, se produce la necesidad de combinar el distanciamiento social con la gestión del fuego y las tareas de supresión de incendios. Las autoridades competentes y numerosos científicos de la comunidad medioambiental, estudian formas de contención para minimizar los riesgos de contagio en campaña.

La universidad neerlandesa de Wageningen, ha iniciado un proyecto de guía colaborativa, con el fin de establecer medidas de protección frente al Covid para bomberos forestales. El estudio se basa en 6 puntos: se proponen acciones para mantener a los bomberos sanos para reducir el riesgo de infección, distanciamiento social, acciones previas, acciones durante la intervención, acciones tras la intervención y medidas durante el transporte.

La tipología de los incendios y de los operativos de extinción, varía de un país a otro.

En Estados Unidos, donde el personal de extinción suele alojarse en campamentos e instalaciones comunitarias, se está proponiendo el uso de tiendas de campaña individuales, mascarillas y medidas de distanciamiento social, lo cual supone un reto económico y de logística. En el entorno forestal, lavarse las manos con frecuencia y seguir las medidas de higiene recomendadas, supone una dificultad. Además, en los operativos de emergencias se pueden producir situaciones difíciles de compatibilizar con las exigencias de control de una pandemia. En caso de evacuación, podría surgir la necesidad de usar refugios de emergencia, ocasionando una acumulación de personas en un espacio reducido.

En España, dónde los operativos se coordinan de forma local, se propone disminuir el personal en las bases, haciendo guardias desde casa. De esta forma se disminuye la exposición, pero se incrementan los tiempos de reacción en caso de intervención.

La temporada de incendios es inherentemente agotadora para los bomberos, afectando a sus niveles de fatiga y sus sistemas inmunológicos, lo que puede comprometer su capacidad de luchar contra COVID-19 si se exponen al virus. Por ello, se plantea establecer más tiempos de descanso y de recuperación a lo largo de la temporada de incendios, o combinar diferentes tácticas de supresión, para reducir el agotamiento y la exposición al humo, para que repercutan positivamente en la salud y el bienestar de los combatientes.

Los cambios de estrategia promueven los ataques iniciales agresivos, apoyados por medios aéreos, para extinguir los incendios rápidamente y reducir al mínimo el número de intervinientes - y permitir, de este modo, que se produzca la distancia necesaria entre los efectivos -; utilizar más el fuego controlado como táctica de supresión; utilizar maquinaria para crear contrafuegos de forma eficiente protegiendo puntos estratégicos y reducir el número de remates, dejando que los incendios se apaguen de forma natural (aceptando el riesgo añadido de reigniciones).

 

Otras medidas propuestas incluyen la desinfección de áreas comunes y zonas de alto contacto, telematizar reuniones y formaciones, realizar tests, restringir el personal de riesgo (mayores de 65 años) o habilitar zonas sanitarias. Para minimizar los contagios en los desplazamientos, mantener libre el asiento del pasajero delantero del helicóptero (si es posible operacionalmente), limitar el personal a bordo y exigir el uso de máscaras cuando no se pueda mantener una distancia física apropiada, así como garantizar los suministros para la higienización de los vehículos y el lavado y desinfección de las manos.

Las medidas para reducir el riesgo de exposición al COVID-19 pueden limitar la capacidad de respuesta frente a los incendios, pudiendo aumentar su potencial dañino. La comunidad científica y los cuerpos de emergencias trabajan en un plan de contingencia que les permita estar preparados y protegidos frente a esta situación excepcional.