Este sitio web utiliza cookies propias y de terceros para mejorar tu accesibilidad, personalizar y recopilar información estadística sobre tu navegación. Si continuas navegando, consideramos que aceptas su uso. Puedes obtener más información consultando nuestra política de cookies. Aceptar
Tu carrito
Total artículos:
¿Tienes un cupón de descuento?
Pago total
Confirmar pedido
15 días para cambiar o devolver tu compra después de la entrega
Tu transacción es segura. Utilizamos la última tecnología para proteger tu seguridad y mantener tu privacidad.
Iniciar sesión

Los incendios de sexta generación llegarán al norte peninsular en los próximos 30 años

Hablamos con la investigadora Andrea Duane sobre de las predicciones de la comunidad científica sobre incendios forestales

 

vft: En una entrevista en el periódico La Vanguardia te citaban como “la ambientóloga que apaga los incendios forestales con matemáticas”. ¿En qué consiste tu método para calcular las probabilidades de que acontezcan incendios forestales?

 

A.D.: Hemos construido un simulador que intenta reproducir el régimen de incendios (número de incendios, tamaño, intensidad…), en este caso concreto, en Cataluña, y también las oportunidades de extinción de los bomberos. Una vez vamos entendiendo cuáles son las relaciones entre la vegetación, la meteorología, etc. y los incendios, introducimos estos datos en el modelo de simulación. Le damos un paisaje real, la meteorología actual y lo hacemos correr hacia el futuro y vamos mirando cómo, a medida que vamos cambiando alguno de los factores, se altera la probabilidad de incendio. Estos factores pueden ser climáticos o de paisaje (si cambiamos por ejemplo algún tipo de especie arbórea del bosque, por otra más arbustivas o de matorral). Luego introducimos los parámetros que corresponderían a las fuerzas de extinción. Si son mayores que el avance del incendio, se consigue extinguir, si son menores, prosigue.

 

vft: ¿Los parámetros introducidos se basan en el histórico de incendios?

 

A.D.: Sí, disponemos de un registro fiable de 40 años antigüedad, donde hay inscritos todos los incendios ocurridos en Cataluña.  

 

vft: ¿Cómo se traduce esta información a los dispositivos de extinción?

 

A.D.: El modelo nos proporciona información útil a medio largo plazo. Su finalidad no es alertar a los sistemas de extinción, de forma inminente, cuando se detecte que se va a producir una emergencia, de hecho, no tiene esa capacidad de predicción. Es un instrumento para cuantificar la efectividad de diferentes estrategias de gestión. A día de hoy, ya la estamos usando en un proyecto piloto como una herramienta de planificación real, a diez años vista. En este proyecto concreto, analizamos cómo afecta realizar quemas prescritas en determinadas zonas y con una determinada frecuencia, sobre el porcentaje de probabilidad de incendios. 

 

 

vft: Eso puede tener una incidencia muy positiva sobre las políticas de gestión del paisaje.

 

A.D.: Dar números a cosas que todos sabemos que pasan, (porque todos sabemos que si reducimos el combustible, se reduce el riesgo de incendio, pero ahora conseguimos saber en qué porcentaje y por cuánto tiempo); es una herramienta muy útil para la planificación estratégica.

 

vft: ¿En qué puntos mejoraste el modelo matemático Medfire de Lluís Brotons?

 

A.D.: El Medfire con el que trabajamos ahora es un poco más completo. La base era la misma pero no incluía las tipologías de incendios. Estaba contemplado el parámetro viento, pero no simulaba incendios convectivos, incendios topográficos, etc. Ahora hay más detalle climático, sobre todo en cuanto a la simulación de condiciones sinópticas que he comentado antes. También se incluye con más detalle el efecto de las quemas prescritas sobre la probabilidad de incendio. 

 

vft: ¿Cuál es la contribución del Centro Tecnológico Forestal de Cataluña?

 

A.D.: Es un centro de investigación que tiene una vertiente muy aplicada y muy cercana a la toma de decisiones. No es solo un ente académico. Trabajamos en colaboración estrecha con profesionales de la administración, analistas y los sistemas de prevención y extinción de incendios.

 

vft:¿Qué datos se introducen en el sistema?

 

A.D.: Usamos los mapas que tenemos de usos del suelo y cubiertas de Cataluña; inventarios forestales, para saber la estructura de la vegetación; el histórico de incendios; y datos meteorológicos, sobre todo, índices de sequía que ocurren en primavera y verano en Cataluña. También recoge datos de condiciones sinópticas: frecuencia de episodios de viento, olas de calor, pantano barométrico, etc.

 

vft: Y ¿qué parámetros se extraen para el análisis?

 

A.D.: La probabilidad de tener incendios grandes y de que sean de alta intensidad. También si los de baja intensidad están más en el perímetro o se producen en zonas más boscosas. Al final, lo que estamos viendo, es que siempre habrá incendios y lo que es interesante es ver si somos capaces de reducir los de más alta intensidad, que son los fuegos "malos".

 

 

vft: ¿Se puede predecir la intensidad o la generación de incendios que podemos llegar a tener, aunque no sepamos exactamente cuándo se van a producir?

 

A.D.: En el modelo hemos introducido la capacidad de tener ciertas tipologías de incendio.Permite saber si el paisaje será capaz de generar un incendio de alta intensidad, convectivo de quinta o sexta generación. Ahora mismo hay un factor de aleatoriedad (al final es como las igniciones, tampoco sabemos cuando se van a producir). Lo que sí vemos es que, si el paisaje está gestionado, por ejemplo, si se quemó el año anterior, no podrá producirse un incendio de alta intensidad, pero si acaece la ignición en una zona boscosa del pirineo, con altas cargas de combustible, en un año seco y el modelo simula que aleatoriamente hay una ola de calor, sí se producirá ese incendio.

 

vft: La anticipación es clave para los dispositivos de extinción.

 

A.D.: Lo que se está viendo desde el mundo de la investigación es que una de las grandes claves para entender los incendios, sobre todo los de alta intensidad, es la humedad del combustible. Hasta hace unos años se había puesto mucho el foco en la vegetación muerta, la hojarasca y las ramas del suelo, porque es el material más ignífugo y cuando inicia el fuego suele originarse en este material, pero al final lo que se está viendo es que, lo que provoca que el incendio avance y supere la capacidad de extinción, que es el punto crítico, es la humedad del combustible vivo, que vendría a ser sobretodo el de las hojas y ramas finas. Entender la humedad del combustible vivo es mucho más complejo que la del combustible muerto. La humedad del combustible muerto depende mucho de la meteorología de ese mismo día o del precedente, porque absorbe la humedad ambiental. La humedad del combustible vivo depende de la precipitación de la primavera anterior, de la profundidad del suelo, del tipo de especie, de si ha estado sufriendo por alguna plaga de insectos, etc. Son factores mucho más complejos y difíciles de modelizar y predecir, pero en Cataluña tenemos un servicio de prevención que juntamente con Agents Rurals, están monitorizando a lo largo del territorio la humedad de algunas plantas clave, como el romero, para detectar señales de alarma y movilizar dispositivos de prevención cuando convenga. La vegetación es un factor importante sobre el que estamos aprendiendo cosas nuevas, como lo es también la meteorología. Habréis oído hablar del famoso 30, 30, 30.

 

Foto: Víctor López

vft: Si las condiciones de humedad están por debajo del 30 por ciento, la temperatura es superior a 30 grados y el viento supera los 30 kilómetros por hora, tenemos una condición muy favorables para tener incendios de alta intensidad.

 

A.D.: Exacto. Es útil, pero esta norma no siempre funciona, depende mucho de la zona. Lo que se está viendo es que es importante contextualizar los factores, más que establecer reglas generales. Al final, un episodio de viento moderado en el centro de Cataluña es muy diferente que en el Empordà. Si tenemos episodios con golpes de viento de 60-70km por hora en la costa empordanesa, los sistemas de extinción y el paisaje están mucho más preparados de lo que lo están en el altiplano central. Estas señales de alarma o esta anticipación tienen que estar ajustada a cada zona.

 

vft: ¿Qué nos dice nuestro histórico de incendios?

 

A.D.: Durante los años 80 y 90 se reproducía un patrón muy claro en el que se veía que un aumento de temperatura (que ya se estaba registrando, aunque de forma más leve de lo que estamos registrando ahora), y un aumento de la masa forestal en Cataluña, significaba un incremento de los incendios. Y eso pasó a lo largo de los 80 y 90, con unos años exagerados como el 86 y el 94. Pero a la que llegamos a la década del 2000 se evidencia que la entrada de analistas de incendios, y en concreto los GRAF, mejora muchísimo la capacidad de extinción y eso cambia la manera como quema Cataluña. Y esto mezclado con que mucha parte de Cataluña ya había quemado durante las décadas anteriores, hace que haya realmente menos incendios. Ya no es lo que teníamos en los años 90. Pero bueno, también lo que vemos es que los grandes incendios que ocurren son los que realmente los bomberos no pueden controlar y son incendios muy rápidos y muy intensos, seguramente sin precedentes años atrás. Esto es muy determinante en el régimen de incendio: la velocidad en la que quema esta superficie.

 

vft: ¿Cómo es el régimen de incendios de Cataluña?

 

A.D.: En el arco mediterráneo solemos tener muchos incendios pequeños y unos pocos de alta intensidad, que queman grandes superficies y afectan a todos los niveles del bosque, haciendo que se elimine toda la vegetación. En otras zonas del mundo, donde por ejemplo tienen sabana, los incendios queman solo el estrato herbáceo, y con mucha más recurrencia.

 

vft: Hablemos de los distintos niveles del bosque.

 

A.D.: Visitar zonas quemadas nos da mucha información sobre la respuesta de la vegetación. Como ecóloga me parece un ejercicio muy interesante para entender cómo interaccionan los incendios con la evolución y la dinámica del paisaje. Las especies, la vegetación, no es que esté adaptada al fuego sino está adaptada a un régimen del fuego. Por ejemplo, el Pinus halepensis, que es nuestra especie pirófita por excelencia, cuando ya ha desarrollado las piñas serótinas (las que almacenan las semillas por largos periodos de tiempo) ya le interesa que se produzca un incendio para volver a crear espacios abiertos donde vuelva a tener éxito esta misma especie. Y en cambio si pasan muchos años y no se quema, es muy poco competitiva cuando hay sombra, y puede llegar a desaparecer. Le gustan los incendios de alta intensidad, por eso, otra estrategia que tiene, es almacenar ramas muertas en la base para que el fuego trepe y llegue hasta la copa. En cambio hay otras especies que más que regenerarse o resurgir con el fuego, lo que hacen es sobrevivir. Lo vemos en algunas especies que tienen una corteza muy grande, por ejemplo, para resistir el paso del fuego. Estas especies están adaptadas a los incendios de superficie, que queman el sotobosque pero no las copas. No hay un solo tipo de fuego bueno, sino que hay una serie de incendio a los que diferentes especies están adaptadas. Otro factor clave es cuándo ocurren estos incendios. Si se producen fuera de la estación que corresponde, cuando están en proceso de floración, por ejemplo, los efectos pueden ser mucho más severos en el sobrevivir de esta planta. Los efectos antrópicos modifican estos patrones y ponen en riesgo la supervivencia de muchas especies.

 

 

vft: ¿Nuestros bosques están adaptados a los incendios que estamos teniendo?

 

A.D.: A muchos sí, a los más intensos no. Puede que haya un punto de no retorno. El ejemplo más fácil: esta especie que sobrevive a incendios de superficie, ante un incendio de copas, se le quemarían las hojas y ya no podría hacer la fotosíntesis y se moriría. Todavía no tenemos claro si los incendios de muy alta intensidad llegarían a eliminar las semillas de especies como el Pinus halepensis que se liberan tras el paso de estas perturbaciones. Al mismo tiempo, si los incendios son muy recurrentes, es posible que esta especie no haya tenido tiempo de desarrollar las piñas que contienen su semilla y no puedan volver a brotar, pierdan esta capacidad de regeneración tras el incendio.

 

Por otro lado, hay ciertas especies que colonizan desde el perímetro hacia adentro. Es decir, una vez ha quemado una zona boscosa, la vegetación superviviente de los alrededores es capaz de colonizar. Pero si nos fijamos en casos como el de Australia del año pasado, que quemaron millones y millones de hectáreas, puede ser muy difícil para ciertas especies llegar al centro del incendio para repoblar la masa forestal en un plazo de tiempo sostenible.

 

vft: ¿Qué capacidad tienen los incendios de sexta generación de reproducirse de forma recurrente en una misma zona o país?

 

A.D.: Todo depende de cómo se regenere vegetación. Es cierto que durante unos años, tendremos una ventana de oportunidad porque las áreas quemadas son territorio gestionado que ya no quemará a tan altas intensidades. Pero si con el tiempo volvemos a tener una masa boscosa con mucho combustible, se puede repetir la situación. También es posible que veamos un cambio y no vuelven a aparecer los mismos bosques. Lo que nos dicen muchos investigadores a partir de estudiar los modelos a largo plazo es que quizás debemos olvidarnos de ver ciertas especies arbóreas en ciertos sitios y que éstas terminan sustituyéndose por especies más arbustivas o de matorral que no tengan capacidad de generar incendios de esta intensidad. Eso está por ver. Lo que ocurrió el año pasado en Australia es que la intensidad fue tan brutal que se volvieron a quemar en alta intensidad zonas que ya habían quemado hacía dos años. Eso preocupa mucho porque hay especies vegetales, como los eucaliptus, que son resilientes, pero que si se queman recurrentemente pierden su capacidad de rebrotar.

 

vft: Después de analizar los incendios en Cataluña expandiste tu campo de investigación a Portugal, Grecia, Estados Unidos y Australia. ¿Existen puntos en común entre el arco mediterráneo, EEUU y Australia?

 

A.D.: Sí. El más directo y consensuado es el cambio climático, eso es de facto. Vemos en todas partes incendios de alta intensidad debido al estrés sobre la vegetación por el aumento de las temperaturas y en algunos sitios a un descenso de las precipitaciones. En España no tanto, porque la tendencia de precipitaciones no es muy clara, pero por ejemplo, en Chile, sí que llevan una sequía casi estructural, una década de altas temperaturas y descenso de las lluvias. También hay puntos en común entre Estados Unidos y el arco mediterráneo, principalmente un aumento de la masa forestal que homogeniza el paisaje y propicia estos grandes incendios de alta intensidad. Allí se atribuye a los cambios en las estrategias de extinción de las últimas décadas; hasta el siglo XIX había unas prácticas muy extendidas de quemas prescritas para diferentes usos, la política de supresión total del siglo XX que eliminó el uso del fuego, provocó este incremento de combustible vegetal sin gestionar. Aquí, sin embargo, se atribuye a un abandono rural generalizado (al cese de actividades como la agricultura, la silvicultura o ganadería).

 

vft: Sabemos que los Nativo Americanos o las tribus aborígenes en Oceanía hacían uso del fuego para gestionar el paisaje. ¿Cuál es nuestra relación histórica con el fuego (en el arco mediterráneo)?

 

A.D.: Las poblaciones más tradicionales que encontramos en nuestro territorio siempre han hecho uso del fuego. Es ahora que se les dice que no pueden hacerlo. De hecho la etimología de la palabra Pirineos viene de Piri (fuego) y neus (nieve). El sitio donde se mezclan los dos ingredientes.

 

vft:¿Cómo interactúa el fuego con la pérdida y fragmentación del hábitat?

 

A.D.: Es una pregunta interesante. Por un lado, tenemos muy claro que una fragmentación de las masas forestales aquí nos ayuda al control de los incendios, porque hay más heterogeneidad, porque hay más oportunidades de extinción, etcétera. No pasa lo mismo en otros sitios del mundo. Por ejemplo, sabemos que en el Amazonas o en Siberia, un aumento de la fragmentación provoca un aumento de los incendios. Por otro lado, la fragmentación de las masas forestales afecta al fuego, pero sabemos que el fuego también tiene incidencia sobre la estructura del paisaje. Es lo que llamamos piro diversidad. Es el principio por el cual, tener diferentes incendios, acaecidos en diferentes años, a lo largo de un paisaje, puede dar diferentes hábitats para diferentes especies de animales y plantas favoreciendo la biodiversidad.

 

Foto: Víctor López

vft: ¿En qué estado de salud se encuentran nuestros bosques? Y, si no es buena, ¿es una situación reversible?

 

A.D.: Tenemos un desequilibrio climático. Muchas especies están sufriendo una sequía estructural que combinada con olas de calor puntuales está provocando cierta mortalidad. Eso puede llegar a hacer que se sustituyan las especies que tenemos hoy en día por otras. Además en el arco mediterráneo pocos bosques no han tenido la influencia del hombre, y este hecho provoca que sus dinámicas no sean las de un equilibrio natural. Tenemos masas muy densas estancadas, que pueden suponer un polvorín para los incendios e impiden la regeneración de algunas especies.

 

vft: Hemos oído a los cuerpos técnicos de prevención y extinción alertar en numerosas ocasiones, diciendo que los incendios de sexta generación llegarán a la península. ¿La comunidad científica confirma este pronóstico?

 

A.D.: Sí, tenemos muy claro que llegarán. Tal vez no podamos decir cuando exactamente, pero si hablamos en términos de generaciones humanas, es decir, en un periodo de tiempo de 30 años, podemos afirmar que esta generación los va a ver seguro. Creo que no nos hacemos a la idea de que llegar a 50 grados en verano en la península será algo que veremos de forma habitual en los próximos años. Eso tendrá consecuencias en los incendios y veremos qué efectos tendrá sobre la vegetación. No podemos dar una fecha exacta, porque hay muchos factores aleatorios, pero llegarán.

 

vft: ¿Dónde se van a producir estos grandes incendios?

 

A.D.: En todas las zonas que históricamente han tenido un histórico de precipitaciones alto y por lo tanto la vegetación está muy desarrollada, y que ahora empiezan a tener más influencia de sequías y olas de calor, como pueden ser los Pirineos, la provincia Cantábrica o el marco Atlántico. El norte peninsular es el que tiene más probabilidades de desarrollar estos incendios porque su vegetación tiene esta capacidad de generar alta intensidad.

 

Foto: CNN

 

vft: ¿Por qué apagamos incendios?

 

A.D.: Apagamos incendios porque suponen una amenaza para los humanos, para la vida, para nuestros bienes o para los bosques si es que se quiere sacar un rendimiento económico de los mismos, (porque Siberia se quema cada año y solo se apaga cuando el incendio se acerca a fase urbano forestal). Pero no somos conscientes que con esa política de apagarlo todo, podemos ir en contra del objetivo de proteger estos bienes porque no permitimos que se eviten los grandes incendios. La famosa paradoja de la extinción. Creamos escenarios altamente inflamables porque no damos lugar al desarrollo de incendios pequeños. Nunca se evitarán los incendios.

 

vft: ¿Cuál es la finalidad última de Medfire?

 

A.D.: Poder cuantificar nuestras medidas de gestión sobre la probabilidad de incendios para dar respuesta a las preguntas sobre inversión en recursos. ¿Debemos invertir más en políticas agrarias? ¿en quemas prescritas? ¿en extinción? ¿en bioeconomía? Todo eso se lo podemos preguntar al modelo y obtener resultados conclusivos.